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Elimine el «YO» de sus Fracasos

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Elimine el «YO» de sus Fracasos,1, lUIS rOBERTO cORDOVA

Si usted ha venido creyendo que es un fracasado, es posible salir de ese patrón de pensamiento negativo. Observe un aspecto de su vida donde ha fracasado repetidamente, y haga lo siguiente: Examine sus expectativas para ese aspecto. Escríbalas. ¿Son realistas? ¿Espera hacer todo en forma perfecta? ¿Espera 

tener éxito en el primer intento? ¿Cuántas veces espera fallar antes de tener éxito? Haga un ajuste en sus expectativas. Busque nuevas formas de hacer su trabajo. Piense en por lo menos veinte nuevas formas y luego intente con por lo menos la mitad de ellas.

Observe sus posibilidades. ¿Cómo puede usar sus mejores habilidades y recursos personales para sacarle el máximo provecho a su esfuerzo? Prométase no darse por vencido. No importa cuántas veces caiga, levántese y siga adelante.

No espere hasta sentirse positivo para seguir avanzando. Genere dentro de usted mismo el sentirse bien. Es la única manera de empezar a pensar más positivamente de uno mismo.

Pasos hacia el lado positivo del fracaso:

1. Reconozca que hay una gran diferencia entre las personas mediocres y las que triunfan.

2. Aprenda una nueva definición de fracaso.

3. Elimine el «yo» de sus fracasos.

Usted es demasiado viejo para llorar, pero duele demasiado como para reír El miedo hace realidad aquello a loque uno le teme.

—VIKTOR FRANKL

Todos hemos oído de los hermanos Wright, aquellos mecánicos de bicicletas que fueron los  

primeros en motorizar los vuelos en la primera parte del Siglo XX. Las circunstancias que rodearon el primer vuelo de Orville y Wilbur Wright el 17 de diciembre de 1903 constituyen una historia interesante. (Es, sin duda, una historia que ilustra cómo transformar los fracasos en victorias.) Pero lo que quizás usted no sepa es que antes de ese día, los Wright, desconocidos y sin educación universitaria, no eran de ninguna manera líderes en la aviación. Eran personas en las que nadie se fijaba mientras otra persona trataba de poner el primer aeroplano en el aire.

Su nombre era Dr. Samuel P. Langley. Era un respetado ex profesor de matemáticas y astronomía que por ese tiempo fungía como director de la «Smithsonian Institution».

Langley era un tremendo pensador, científico e inventor. Había publicado varios libros importantes sobre aerodinámica y tenía la visión de lograr que el hombre volara. De hecho, entre mediados y finales de los años de 1890, había hecho varios experimentos con grandes modelos de aviones no tripulados y había logrado un alto grado de éxito.

COMISIONADO PARA TRIUNFAR

En 1898, Langley solicitó del Departamento de Guerra de los Estados Unidos fondos para diseñar y construir un aeroplano que pudiera llevar a un hombre a bordo. Le dieron cincuenta mil dólares, una cantidad importante para aquel tiempo. Langley se entregó inmediatamente al trabajo. En 1901 probó con éxito una nave no tripulada que usaba gasolina y que era más pesada que el aire. Era la primera vez en la historia que ocurría tal cosa. Y cuando consiguió los servicios de Charles Manley, un ingeniero para construir un poderoso y nuevo motor liviano basado en los diseños de Stephen Balzar, su éxito parecía inevitable.

El 8 de octubre de 1903 Langley esperaba que sus años de trabajo rindieran sus frutos.

Con periodistas y curiosos como testigos, Charles Manley, vistiendo una chaqueta acolchada, caminó a grandes zancadas por la cubierta de una casa flotante modificada y saltó al asiento del piloto de una nave llamada el Great Aerodrome. El aparato motorizado fue instalado sobre una especie de catapulta especialmente construida y diseñada para dar el impulso inicial al Aerodrome. Pero cuando intentaron su lanzamiento, parte del Aerodrome quedó enganchada en la plataforma y el biplano se hundió en más de cinco metros de agua a menos de cuarenta metros de la casa flotante.

La crítica fue despiadada con Langley. El New York Times, por ejemplo, publicó lo siguiente:

No fue una sorpresa el ridículo fiasco de la máquina voladora de Langley al intentar una navegación aérea. La máquina voladora que realmente llegue a volar deberá ser desarrollada por esfuerzos combinados y continuos de matemáticos y mecánicos [sic] en entre uno y diez millones de años … Sin duda que para quienes se interesan, el problema no deja de tener su atractivo, pero para el hombre ordinario pareciera que los esfuerzos deberían dedicarse a algo más útil. 

FRENTE AL FRACASO

Al principio, Langley no dejó que el fracaso o las críticas que lo acompañaron lo desalentaran. Ocho semanas más tarde, en el mes de diciembre, él y Manley estaban listos para intentarlo de nuevo. Habían hecho numerosas modificaciones al Aerodrome y una vez más Manley saltó a la cabina desde la cubierta de la casa flotante, listo para hacer historia. 

Pero como la vez anterior, se produjo el desastre. Esta vez el cable que afirmaba las alas se rompió al momento que el aeroplano era lanzado. Este quedó atascado de nuevo en el riel de lanzamiento y la inercia lo hizo sumergirse en el río. Manley estuvo a punto de perder la vida.

De nuevo las críticas fueron terribles. A su Great Aerodrome le pusieron «la locura de Langley» y Langley mismo fue acusado de malgastar los fondos públicos. El New York Times comentó: «Esperamos que el profesor Langley no seguirá poniendo su sustancial grandeza como científico en continuar malgastando su tiempo y el dinero envuelto en más experimentos con aeronaves». No siguió.

Más tarde, Langley diría: «He logrado lo que me proponía, demostrar lo práctico de los vuelos mecánicos. Para la etapa siguiente, que es el desarrollo comercial y práctico de la idea, es probable que el mundo busque a otros». En otras palabras, Langley se estaba dando por vencido. Derrotado y desmoralizado había abandonado su trabajo de décadas por tratar de volar sin haber visto jamás uno de sus aviones piloteado surcando los aires. Solo días más tarde, Orville y Wilbur Wright, sin educación, desconocidos y sin recursos, volaron su «Flyer I» sobre las dunas arenosas de Kitty Hawk, Carolina del Norte.

DOS PERSPECTIVAS

El escritor J. I. Packer dice: «Un momento de triunfo consciente hace que uno sienta que después de esto nada realmente importa; un momento de desastre consciente lo hace a uno sentir que es el fin de todo. Pero ni el sentimiento es real ni el suceso es lo que pareciera ser».

Los hermanos Wright no se durmieron en los laureles. La emoción de lo logrado aquel día de diciembre de 1903 no los hizo creer que ya estaba todo hecho. Al contrario, siguieron experimentando y trabajando, y finalmente el público reconoció sus triunfos. En contraste, Langley dejó que su momento de desastre lo hiciera pensar que ese era el fin.

Abandonó sus experimentos. Dos años más tarde sufrió un derrame y un año después falleció. Y hoy día, cuando aun los niños de los primeros grados de la escuela han oído de los hermanos Wright, Langley es recordado solo por sus relativamente pocos fiascos en el campo de la aviación.

CUANDO EL FRACASO ATACA EL CORAZÓN

Lo que le pasó a Samuel Langley ocurre en la vida de demasiadas personas en el día de hoy. Dejan que los fracasos afecten emocionalmente lo mejor de ellos y les impida seguir esforzándose por alcanzar sus sueños.

El primer paso realmente importante en controlar el fracaso es aprender a no personalizarlo. 

Digámoslo de una vez. El fracaso puede ser muy doloroso, a veces física y, con más frecuencia, emocionalmente. Ver irse al suelo parte de su visión realmente duele. Y si por sobre eso la gente lo ridiculiza, usted se sentirá aun peor. El primer paso realmente  importante en controlar el fracaso es aprender a no personalizarlo sobre la base de saber que su fracaso no lo hace a usted un fracasado. Pero hay aun más que eso. Para muchas personas el dolor del fracaso las lleva a temer el fracaso. Y llegan a ser como aquella persona que dice: «Soy demasiado viejo para llorar, pero el dolor es muy grande como para reír». Así es como muchas personas se quedan atrapadas en el ciclo del miedo. Y si el miedo lo vence a usted, es casi imposible transformar los fracasos en triunfos.

UN CICLO QUE USTED NO QUERRÁ EXPERIMENTAR

Observe lo que típicamente le ocurre a alguien que no puede vencer el temor del fracaso y queda atrapado en el ciclo del miedo.

Experiencias negativas previas hacen que la persona desarrolle un temor al fracaso que da inicio al ciclo. Por ejemplo, digamos que alguien que experimentó el fracaso fue un niño que trató de vender confites puerta a puerta para reunir dinero para su escuela. Cuando adulto, ese niño se encuentra en una situación que parece similar, y teme fracasar de nuevo.

Sea que se trate de un vendedor que necesita hacer llamadas a los clientes o de un pastor con la misión de visitar personas en sus hogares, aquel fracaso de la infancia puede generar temor. El temor al rechazo crea inacción. Y al no actuar, la persona no adquiere experiencia en tal situación, que es la clave para aprender y vencer obstáculos futuros. La falta de experiencia crea la incapacidad de desenvolverse en situaciones similares. Y eso, finalmente, crea y aumenta el temor. Mientras más tiempo se mantiene el miedo, más difícil será romper el ciclo.

EL MIEDO AL FRACASO DETIENE LOS ESFUERZOS POR SALIR ADELANTE

La inacción que resulta cuando las personas caen en el ciclo del temor toma diversas formas. A continuación tres de las más comunes que he observado:

1. Parálisis Para algunas personas, el temor al fracaso provoca una parálisis casi absoluta. Dejan de tratar de hacer cualquier cosa que pueda llevarles al fracaso. El presidente Harry S. Truman dijo: «El peor peligro que podemos enfrentar es el de paralizarnos por las dudas y temores.

Este peligro es provocado por los que abandonan la fe y se burlan de la esperanza. Es provocado por los que difunden el cinismo y la desconfianza y tratan de negarnos la gran oportunidad de hacer el bien por los demás». La gente cuyo miedo los paraliza renuncia a toda esperanza de salir adelante.

2. Indecisión

Otras personas mantienen la esperanza de superar los fracasos pero nunca se deciden a hacerlo. Alguien llamó a la indecisión el abono que hace crecer las dificultades. Víctor Kiam lo expresó en una forma más categórica; él la llamó el asesino natural de las oportunidades.

La indecisión le roba a la persona su tiempo, su productividad y su potencial. Como dijo el presidente John F. Kennedy: «Todo plan de acción tiene sus riesgos y su costo, pero no tienen punto de comparación con los riesgos y costos de una cómoda inacción». La indecisión es un precio demasiado alto a pagar por temor al fracaso.

3. Falta de propósito

Tom Peters, coautor de In Search of Excellence, dice que no hay nada más inútil que alguien que llega al fin del día y se felicita, diciendo: «Bien, pasé el día sin ningún contratiempo». Es lo que hacen muchas personas que le tienen miedo al fracaso. En lugar de ir tras objetivos dignos, evitan el dolor de cometer errores. Y en medio de ese transcurrir pierden de vista cualquier sentido de propósito que alguna vez pudieron haber tenido.

Al tenerle miedo al fracaso y a la inactividad que esto produce, una persona en el ciclo del miedo exhibe efectos colaterales negativos adicionales:

Autocompasión. Siente pena de sí misma. Y a medida que el tiempo pasa, va asumiendo menos responsabilidad por su inactividad y empieza a pensar de ella como una víctima.

Excusas. Una persona puede caer varias veces pero no será un fracasado sino hasta cuando diga que alguien lo empujó. De hecho, la persona que comete una falta y luego se excusa, está añadiendo una segunda falta a la primera. Se puede romper el ciclo del miedo cuando se asume personalmente responsabilidad por la inacción.

Energía desperdiciada. El miedo está dividiendo constantemente la mente y haciendo que una persona pierda el enfoque. Si va en demasiadas direcciones a la vez, no va a llegar a ninguna parte. Se le puede comparar al conductor que aprieta el acelerador con el automóvil en neutro.

Desesperanza. Si se les deja desarrollarse tranquilamente, el miedo y la inacción continuos roban la esperanza. El poeta Henry Wadsworth Longfellow describió esta situación así: «La declinación de una gran esperanza es como la declinación del sol. Se va el brillo de nuestra vida».

ROMPER EL CICLO

A menudo la gente que quiere salir del ciclo del miedo pasa tiempo sintiéndose culpable por su incapacidad de cambiar. Pero una de las razones para estar atrapados en el ciclo del miedo es que concentran su energía en la parte equivocada del mismo. Como saben que algo que mantiene activo el ciclo es su miedo, creen que tienen que eliminarlo para salir de este. Pero la gran mayoría de las personas no pueden hacerlo. No se puede evitar tener miedo. Ninguna poción mágica lo va a hacer irse. Y no se puede esperar estar motivado para seguir adelante. Para conquistar el miedo, la persona tiene que sentirlo y aun así, actuar.

Hace algunos años, mientras permanecía sentado en la silla de la sala de espera del médico, fijé mi vista en unos párrafos de una revista médica que describen la batalla que se debe llevar a cabo:

Casi a diario oímos decir: cuidado, cuidado, cuidado.

Veo que me cuesta motivarme para … [perder peso, controlarme el nivel de azúcar en la sangre, etc.] Y oímos igual número de advertencias de educadores en materia de diabetes que no logran motivar a sus pacientes para que hagan las cosas correctas para controlar su

diabetes y el cuidado de su salud.

Tenemos algo que decirle. La motivación no se va a producir de repente, como cuando se enciende una luz. Y la motivación no es algo que alguna otra persona, enfermera, médico, un familiar, pueda concederle o forzar en usted. Toda la idea de motivación es una trampa.

Olvídese de la motivación. Solo hágalo. Haga ejercicios, pierda peso, controle el azúcar en la sangre o lo que sea. Hágalo sin motivación y luego, adivine qué. Después que usted empiece a hacer cosas, entonces es cuando aparece la motivación y hace que le resulte más fácil seguir haciendo lo que empezó.

La motivación es como el amor y la felicidad. Es un subproducto. Cuando usted está activamente involucrado en hacer algo, ella se desliza y se mete en usted cuando menos lo espera.

Como dice Jerome Brunner, sicólogo de Harvard: «Es más fácil que usted active a sus sentimientos, que estos lo hagan entrar en acción». ¡De modo que actúe! Sea lo que sea que tenga que hacer, hágalo.

EMPIECE A MOVERSE, IMPÚLSESE, COMETA ERRORES, SIGA ADELANTE

El dramaturgo George Bernard Shaw afirmó: «Una vida usada cometiendo errores no solo es más honorable, sino que es más útil que una vida usada no haciendo nada». Para derrotar el miedo y romper el ciclo, hay que estar dispuesto a reconocer que va a ser necesario pasar gran parte de la vida cometiendo errores. Lo malo es que si la persona ha estado inactiva por demasiado tiempo, echar a andar le será difícil. Lo bueno es que tan pronto como empiece a caminar, le será cada vez más fácil seguir.

Si usted puede entrar en acción y se mantiene cometiendo errores, estará ganando experiencia. (Esta es la razón por la que el presidente Theodoro Roosevelt dijo: «No progresa quien no comete errores».) Esta experiencia producirá competencia, y la persona cometerá menos errores. Como resultado, su miedo será menos paralizante. Pero todo el proceso de romper el ciclo comienza con la acción. Uno debe empezar a actuar hasta sentir,

y no esperar a sentir emociones positivas para entonces ponerse en acción.

Es más fácil que usted movilice a sus sentimientos, que estos lo hagan entrar en acción. 

—JEROME BRUNER

Una parábola africana capta muy bien esta idea: 

Cada mañana en África, una gacela se despierta. Sabe que tiene que correr más rápido que el león, porque si no, morirá. Cada mañana un león se despierta. Sabe que tiene que superar en velocidad a la gacela porque si no, se morirá de hambre.

No es cuestión de si usted es león o gacela. Cuando el sol alumbre, es mejor que eche a correr.

Si para usted siempre ha sido difícil transformar sus fracasos en victorias, entonces tiene que empezar a moverse. No tiene importancia lo que lo haya detenido o por cuánto tiempo se mantuvo inactivo. La única manera de romper el ciclo es enfrentar su miedo y entrar en acción, aun cuando esto parezca pequeño o insignificante.

A VECES HASTA LOS MEJORES CAEN

Mucha gente sin éxito cae en el ciclo del miedo. Pero lo mismo ocurre con las personas altamente exitosas. Por ejemplo, cuando se observa la vida del compositor George Frederick Händel, se puede ver a una persona exitosa que se encontró en una situación de la que necesitaba desesperadamente salir.

Händel fue un músico prodigioso. Aunque su padre quería que estudiara leyes, él se dedicó a la música desde una edad muy temprana. A los diecisiete años, consiguió el puesto de organista en la catedral en Halle, su ciudad natal. Un año después, fue violinista y clavicembalista en la casa de la ópera del káiser en Hamburgo. Cuando tenía veintiún años, fue un virtuoso del teclado. Cuando empezó a componer, ganó inmediata fama y pronto fue nombrado director de la capilla de la corte del elector de Hanover (posteriormente rey Jorge I de Inglaterra). Cuando se mudó a Inglaterra, su renombre aumentó. Cuando tenía cuarenta años, ya era famoso mundialmente.

UN REVÉS DE LA FORTUNA

A pesar de su talento y fama, Händel enfrentó una considerable adversidad. La competencia con compositores ingleses rivales fue dura. El público era veleidoso y a veces no acudía a sus presentaciones. Además de eso, fue víctima frecuente del cambio de los vientos políticos de esos tiempos. Varias veces se encontró sin un centavo en los bolsillos y al borde de la bancarrota. Era difícil para él dominar el dolor que le provocaban el rechazo y los fracasos, especialmente después de un pasado tan próximo y tan exitoso.

Luego sus problemas se complicaron por el quebrantamiento de su salud. Sufrió un derrame que lo dejó con su brazo derecho sin movimiento lo que significó la pérdida del uso de cuatro dedos de su mano derecha. Aunque se recuperó, quedó abatido. En 1741, decidió que era el tiempo de retirarse, aun cuando solo tenía cincuenta y seis años. Se sentía desanimado, miserable y lleno de deudas. Creía que sus acreedores lo mandarían a prisión.

El 8 de abril de ese mismo año, ofreció lo que se interpretó como su concierto de despedida. Triste y lleno de autocompasión, se dio por vencido.

LA INSPIRACIÓN PARA SEGUIR ADELANTE 

Pero en agosto de ese año, algo increíble ocurrió. Un amigo acaudalado llamado Charles Jennings visitó a Händel y le entregó un libreto basado en la vida de Cristo. La obra intrigó a Händel lo suficiente como para ponerlo en acción. Empezó a escribir. E inmediatamente se le abrieron las compuertas de la inspiración. Su ciclo de inactividad había sido roto.

Durante veintiún días, escribió casi sin parar. Luego pasó otros dos días trabajando en la orquestación. En veinticuatro días, completó el manuscrito de doscientos sesenta páginas.

Llamó a esa obra El Mesías.

Hoy día, El Mesías de Händel es considerado una obra maestra y la culminación del trabajo del compositor. De hecho, Sir Newman Flower, uno de los biógrafos de Händel,

dijo de la preparación de El Mesías: «Considerando la inmensidad de la obra y el corto tiempo que usó, quedará, quizás para siempre, como la más grande proeza en toda la historia de la composición musical».

Cuando se han logrado vencer los dolores emocionales del fracaso, no importa mucho cuán buena o mala sea su historia personal. La única cosa que importa es que usted enfrentó a su miedo y logró ponerse en actividad. Haga eso y se estará dando la oportunidad de aprender cómo dar con el lado positivo del fracaso.

Su cuarto paso hacia el lado positivo del fracaso: 

Entre en acción y reduzca su miedo ¿A qué objetivo esencial para su éxito teme enfrentar más en este momento? Escríbalo aquí:

La única forma de mantenerse avanzando es enfrentar el miedo y ponerse a caminar.

Anote a continuación todos sus miedos asociados con la actividad:

Examine su lista y acepte el hecho que usted tiene miedo. Decida qué primer paso puede dar para empezar a moverse en su intento de alcanzar tal objetivo. No importa si es pequeño o grande. Solo hágalo. Si fracasa, inténtelo de nuevo. Siga intentando dar el primer paso. Luego decida cuál es el siguiente paso.

Recuerde, es casi imposible poner en acción sus sentimientos. Póngase en acción ustedy sus sentimientos seguirán su ejemplo. La única manera de vencer el miedo es entrando enacción.

Pasos para encontrar el lado positivo del fracaso:

1. Reconozca que hay una gran diferencia entre las personas mediocres y las que triunfan.

2. Aprenda una nueva definición de fracaso.

3. Elimine el «yo» de sus fracasos.

4. Entre en acción y reduzca su miedo.

 

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